POEMAS: fotos

MIS VACACIONES

Se ve que el clima de aquí

es bueno para las bredas,

se ve que hay espárragos

y borrajas, que crecen por las orillas.

Por ahí intento una entrada silenciosa

pero un hombre me ve

bajo su casco. No sé cómo

me he metido allí.

Bajo su casco el hombre

aun vigila

que no me extralimite

con la cantidad de sal

en el agua.

Y aunque todo parece bueno

odio tus anillos,

tu pelo, y tus ojos pintados.

Odio tu dentadura manchada,

tus pies que se arrastran.

Odio el día de sol que no para

de incinerarme

mientras sigue pareciendo cierto

que alguien pueda hablar conmigo

como si yo existiera.

SOBRE O NAVIO NEGREIRO

“Caetano Veloso o El arte de la relectura”: sobre “O Navío Negreiro”, de Antonio de Castro Alves.

En 1988, en el contexto de un disco titulado Livro, Caetano Veloso rescata e ilumina una escena espeluznante, un retrato de la esclavitud que nos recuerda la crueldad y la fragilidad que parecen formar parte esencial de la condición humana, de nuestra historia desde hace miles de años, y de nuestro presente. Se trata del poema O Navío Negreiro, del poeta brasileño Antonio de Castro Alves. He querido sumarme al rescate, y he aquí el porqué de su presentación bilingüe. Hemos querido presentar la versión original en portugués y su correspondiente versión en castellano, porque sólo con esta presentación en espejo podremos ver el poderoso vínculo entre contenido y ritmo, entre significado y fonética, como una manera de acercarnos más a la potencia de las palabras del poeta, y a la fuerza de la lengua que las contiene, a su particularidad rítmica y a su melodía implícita, que Caetano Veloso parece haber sido capaz de percibir, traducir y ejecutar hasta completar la integridad de su sentido y su sonoridad. Los fragmentos utilizados por Caetano aparecen destacados, en ambas lenguas y permiten iniciar una escucha que se abre en cada repetición de esta muestra de síntesis y fusión entre música y poesía.

Además de atreverme a recomendar fervorosamente el disco, invito a los lectores a poner a sonar “O navío negreiro” mientras se lee este texto y el poema, para mayor goce y comprensión de la complejidad con el que el arte de la relectura de Caetano Veloso se disfraza de simpleza.

I. Castro Alves y la esclavitud.

Antonio de Castro Alves (Cachoeira 1847-Rio de Janeiro 1871) fue uno de los mayores poetas del romanticismo brasileño. Nacido en el seno de una familia con inclinaciones artísticas, Castro Alves se instaló en Recife para asistir a la Facultad de Derecho, y pronto se vio inmerso en la agitación social y política de la época, marcada por la guerra contra Paraguay, y por la lucha de la juventud liberal de entonces, que reivindicaba la abolición de la esclavitud. Castro Alves pertenece a la generación romántica de las letras brasileñas, generación que descubre no solamente la revolución realista europea, sino también la necesidad de la evolución política que ella presupone e implica. Castro Alves desarrolló sobre todo la faceta de poeta social que intenta transformar su poesía como un medio para reivindicar para Brasil un régimen político que aboliese la esclavitud y elevase socialmente a esta clase olvidada en la miseria.

Tras vivir varios años en Sao Paulo, Castro Alves sufre un accidente de caza por el que se amputa un pie. Debilitado, contrae la tuberculosis y regresa a Bahia en 1870, con un libro casi acabado, Espumas flutuantes (1870), el único que publica en vida. Murió al año siguiente, a los 24 de edad, siendo un poeta de enorme popularidad. Tras su muerte fueron publicadas otras obras suyas, como Gonzaga, ou a revoluçáo de Minas (1875), A cachoeira de Paulo Alfonso (1876), Vozes de África (1880), y Os escravos (1883).

Las raíces de la esclavitud están directamente ligadas a la palabra “trabajo”, que nació con ella, con la esclavitud. Lo que hoy entendemos como ‘ocupación retribuida’, ha llegado tras varias transformaciones por la vía de la metáfora. Pero en su origen, viene del latín “tripalium” (literalmente ‘tres palos’), un instrumento de tortura formado por tres palos a los que se amarraba a los esclavos que se resistían a su destino. Los grandes imperios de la historia florecieron gracias al trabajo esclavo, y el continente americano, en los tiempos de la hegemonía española, inglesa y portuguesa, y aún tras su independencia, alimentó el tráfico de seres humanos hasta casi comienzos del siglo XIX. Uno de los últimos países en abolir la esclavitud fue Brasil, en 1888, tras más de sesenta años de independencia.

Antonio de Castro Alves (Cachoeira 1847-Rio de Janeiro 1871) fue, a pesar de su corta existencia, uno de los grandes poetas del Romanticismo del Brasil. Contemporáneo de otros grandes nombres de ese período, como Rui Barbosa, Joaquim Nabuco, Alfonso Pena o Rodrígues Alves, buena parte de su poesía se centró sobre todo en temas sociales, y especialmente en contra del tráfico de esclavos y por la abolición de la esclavitud. Su arraigo popular y su renombre como poeta impulsaron la aprobación de la ley de “libertad de vientres”, que prohibió la esclavitud heredada por los hijos de esclavos, sancionada en 1871, el mismo año en que falleció, a causa de la tuberculosis. Y aunque no pude ver con sus propios ojos el fin del trabajo esclavo (o al menos el de la ley que así lo presupone), que recién llegaría en 1888, Antonio de Castro Alves, recreó con el vigor de un testimonio la brutalidad, el horror, el dramatismo de lo que fueron las inacabables travesías de los barcos negreros desde las costas africanas a las costas americanas.

La herencia cultural africana (se calcula que alrededor del 47% de la población de Brasil tiene raíces directa o indirectamente africanas) da origen y compone, con carácter “fundacional”, único e inexcusable, la esencia, el tuétano de la música brasileña. Desde la capoeira, expresión musical y dancística del pueblo esclavo, hasta el samba, el afoxé, el bahiáo, el maracatú o la misma bossa-nova (los ritmos y modos se cuentan por cientos) tienen en sus genes sangre negra y pasado esclavo, y su poesía, la enorme fuerza y riqueza de su relato, quizá solo equiparable al flamenco en su proceso de transformar en poesía y canto las penurias, ha trascendido la categoría de “música popular”, para transformarse en pura música.

II.

Caetano Veloso: Tropicalismo, historia y libertad creativa.

Cuando en la década de 1950 Estados Unidos empieza a exportar los productos de su fábrica de cultura (Elvis Presley, Bill Halley…), simplificaciones, “trivialización”, a decir de Miles Davis, de la cultura negra de los Estados Unidos, uno de sus principales “focos de resistencia” fue Brasil, uno de los mundos y únicos mercados discográficos que viven de su mercado interno y que se preocupa bastante poco de lo que ocurre en el “mundo exterior”. En su libro “Verdad Tropical” (Salamandra, 2004), Caetano afirma que “La música de Elvis parecía simplista y comercial, y su aspecto era un poco raro, empalagoso y bastante desagradable”. Y dice después: “En cuanto a Marilyn (Monroe), no veíamos más que una mera imposición comercial”. Desde ese lugar, desde núcleo de resistencia, tanto Caetano como otros músicos de su generación (Gilberto Gil, Gal Costa, Rita Lee, Chico Buarque, Milton Nascimento, Rogerio Duprat, María Bethania, Elis Regina, y un largo etcétera…) volcaron la mirada a sus propias raíces musicales, básicamente africanas, con lo que dieron el primer impulso al movimiento cultural denominado Tropicalismo, que extendió sus raíces al cine, al teatro y a la poesía. El acta de constitución del Tropicalismo podría decirse que fue el álbum colectivo Tropicalia ou Panis et Circencis (1966), y Caetano, con su primer álbum solista, Caetano Veloso, paso a convertirse en una referencia dentro de Brasil, como compositor de letras que superan ese escalón y se instalan en el estadio de la poesía a secas, y como intérprete de palabras de otros autores, por su intencionalidad y brillo a la hora de reinterpretar, de recrear rítmicamente, poemas de otros autores. Si Estrangeiro (1989) fue el disco que lo acabó de hacer de sobras conocido en Europa, Circuladò (1991), trabajo que toma su nombre del extraordinario poeta brasileño Haroldo de Campos y en el que se atreve a rehacer el célebre Black and White de Michael Jackson, y también el tango Mano a mano (Gardel/Razzano), y en el que confirma su maestría como compositor, como autor, pero también como alguien capaz de releer, de recrear con agudeza, respeto, finura, potencia y sutileza, palabras y músicas de otros autores y estilos, a los que caetaniza, a los que abre, retuerce, estira, embellece o recrudece, según su voz, su sonido y su presencia.

La esclavitud, presente en sus raíces, también lo está en su música, y es algo que aborda en muchos de sus trabajos. En Noites do Norte (2000), declara: “La esclavitud permanecerá por mucho tiempo como la característica nacional de Brasil”. Pero también es una presencia en su libro Verdad tropical, y en otros discos anteriores, como Estrangeiro, Tieta do agreste (1996), y en el extraordinario Livro (1997), en el que incluye un fragmento del poema O navío negreiro de Castro Alves, al que recrea con tal fuerza y originalidad, que casi lo convierte en cine, en un melancólico y terrorífico film capaz de existir sin imágenes: sólo percusiones y palabras.

III. O Navio Negreiro (1868)

El poema pertenece al libro “Los esclavos”, escrito por Castro Alves con apenas veintiún años de edad. Escrito en medio de la atmósfera libertaria que vivía entonces la juventud universitaria, fue presentado y declamado por el mismo poeta en un conocido teatro de la ciudad de Sao Paulo.

Su poesía, su grandilocuencia, su crueldad, su crudeza y su ira permanecen intactas, como también permanecen intactas ciertas prácticas de la barbarie que el poema hace patentes con una potencia y una belleza tan contradictorias como complementarias. Pero además de su furia y su belleza, O Navio Negreiro es un poema que trasciende el tiempo, un poema que viaja sobre las aguas como las imágenes y las ideas que lo componen.

Castro Alves superpone escenarios, imágenes, evocaciones, personajes, como en un guión cinematográfico, los hace impulsarse, empujarse unos a otros, como Caetano Veloso lo haría más de cien años después con las voces y las percusiones, hasta conseguir el efecto de hacer navegar el cuerpo sobre la escucha. Pero el poema ya contaba con esa “fuerza motriz”, a decir del ensayista Helio Pólvora, ese poder de encantamiento que quizá le confirió el hecho de que el poema haya sido escrito para ser declamado: “Estamos en pleno mar”, inicia e insiste estrofa a estrofa, “estamos en pleno mar”, la palabra, como las olas, nos arrastran, nos llevan, nos narran. La musicalidad se suma a la carga emotiva de los adjetivos, y su fonética (difícilmente trasladable al castellano) se convierte en motor del poema.

Caetano Veloso: O Navio Negreiro

Caetano utiliza los últimos tres bloques del poema (los bloques IV, parte del V y VI), después de evocar al poeta con la misma frase con la que se inicia el poema original, “Estamos en pleno mar”, nos lleva directamente a la cubierta del barco negrero: Era un sonho dantesco o tombadilho… Caetano comienza aqui su relato (toma el poema en este punto), sobre un patrón de batería moderna -un acento claro e indudable en el segundo tiempo de un compás de dos- nos sitúa a la misma distancia del barco de la que está el albatros, el águila del mar que el poeta introduce como un “ojo que todo lo ve”, como una cámara con la que planeamos sobre el navío negrero y que nos deja ver lo que hay allí; entre las percusiones puede escucharse un sonido metálico, persistente como un martillo, un golpe que da el contratiempo con la sintética evocación de una cadena, que sólo se corta con un redoble cuando ríe la orquesta irónica, estridente… Cuando el capitaào manda a maniobra, un canto de capoeira se suma, conecta y contrasta, agita el relato del cantante, que parece que dejara caer la historia sobre nosotros, con peso, con certeza, con un énfasis que surge del todo y de ninguna parte. El capitán quiere verlos bailar, mientras unas voces femeninas entonan el canto de capoerira, sígno de lucha, símbolo de libertad, danza de esclavos que recibían las cuerdas inútiles de los pianos de sus patronos y las convertían en fuente sonora de sus berimbaus, junto a un palo, una piedra y una calabaza, el piano de los esclavos. El berimbau superpone cuerdas de piano con calabazas, Caetano superpone capas de elementos poéticos y musicales, contrastados y conectados con el poema: conceptos de rap, un cantante que más declama cercano a la épica, una base rítimica de samba con instrumentos tradicionales, capoeira… y un poema épico-romántico del siglo XIX.

¿Quienes son?, se pregunta el poeta, le pregunta a su musa, y la voz grave de María Bethania le responde: Son los hijos del desierto….” Caetano elige aqui cortar el poema donde los esclavos se despiden de su tierra, para volver a preguntar al Señor Dios de los desgraciados si lo que ve es o no es cierto, y para pedir otra vez que un tifón borre todo rastro de ese viaje.

De repente, un patrón samba de pandeiro y caja, Brasil, su bandera, convertida en mortaja. Ni Andrada ni Colón pueden hacer ya nada, sólo la memoria, siempre la memoria, que parece pedirnos que volvamos al presente, que no apartemos la mirada del presente.

La conexión es flagrante: las palabras de Castro Alves a un país como Brasil, donde se acepta la esclavitud, percusiones, ritmos afroamericanos, oposición, revés del modelo estadounidense, puramente lúdico y comercial, y la mano de quien la relee en el siglo XXI, y que es capaz de casi declamar para actualizarla con el arte de un actor, el tiempo de un músico, y la mirada de un “hibridador” de elementos, con lo que consigue revivir su propia mirada, compás tras compás y cada vez que suena este prodigio de la relectura.

En el archivo sonoro va la clave, y aquí debajo el fragmento del poema y su traducción, creo, bastante aproximada.

Mario Catelli

O NAVIO NEGREIRO

FRAGMENTO DEL POEMA DE CASTRO ALVES EN PORTUGUÉS Y CASTELLANO

Castro Alves

O Navio Negreiro

(Tragédia no mar)

‘Stamos em pleno mar…

Era um sonho dantesco… o tombadilho

Que das luzernas avermelha o brilho.

Em sangue a se banhar.

Tinir de ferros… estalar de açoite…

Legiões de homens negros como a noite,

Horrendos a dançar…

Negras mulheres, suspendendo às tetas

Magras crianças, cujas bocas pretas

Rega o sangue das mães:

Outras moças, mas nuas e espantadas,

No turbilhão de espectros arrastadas,

Em ânsia e mágoa vãs!

E ri-se a orquestra irônica, estridente…

E da ronda fantástica a serpente

Faz doudas espirais …

Se o velho arqueja, se no chão resvala,

Ouvem-se gritos… o chicote estala.

E voam mais e mais…

Presa nos elos de uma só cadeia,

A multidão faminta cambaleia,

E chora e dança ali!

Um de raiva delira, outro enlouquece,

Outro, que martírios embrutece,

Cantando, geme e ri!

No entanto o capitão manda a manobra,

E após fitando o céu que se desdobra,

Tão puro sobre o mar,

Diz do fumo entre os densos nevoeiros:

“Vibrai rijo o chicote, marinheiros!

Fazei-os mais dançar!…”

E ri-se a orquestra irônica, estridente. . .

E da ronda fantástica a serpente

Faz doudas espirais…

Qual um sonho dantesco as sombras voam!…

Gritos, ais, maldições, preces ressoam!

E ri-se Satanás!…

Senhor Deus dos desgraçados!

Dizei-me vós, Senhor Deus!

Se é loucura… se é verdade

Tanto horror perante os céus?!

Ó mar, por que não apagas

Co’a esponja de tuas vagas

De teu manto este borrão?…

Astros! noites! tempestades!

Rolai das imensidades!

Varrei os mares, tufão!

Quem são estes desgraçados

Que não encontram em vós

Mais que o rir calmo da turba

Que excita a fúria do algoz?

Quem são? Se a estrela se cala,

Se a vaga à pressa resvala

Como um cúmplice fugaz,

Perante a noite confusa…

Dize-o tu, severa Musa,

Musa libérrima, audaz!…

São os filhos do deserto,

Onde a terra esposa a luz.

Onde vive em campo aberto

A tribo dos homens nus…

São os guerreiros ousados

Que com os tigres mosqueados

Combatem na solidão.

Ontem simples, fortes, bravos.

Hoje míseros escravos,

Sem luz, sem ar, sem razão…

São mulheres desgraçadas,

Como Agar o foi também.

Que sedentas, alquebradas,

De longe… bem longe vêm…

Trazendo com tíbios passos,

Filhos e algemas nos braços,

N’alma — lágrimas e fel…

Como Agar sofrendo tanto,

Que nem o leite de pranto

Têm que dar para Ismael.

Lá nas areias infindas,

Das palmeiras no país,

Nasceram crianças lindas,

Viveram moças gentis…

Passa um dia a caravana,

Quando a virgem na cabana

Cisma da noite nos véus …

…Adeus, ó choça do monte,

…Adeus, palmeiras da fonte!…

…Adeus, amores… adeus!…

Senhor Deus dos desgraçados!

Dizei-me vós, Senhor Deus,

Se eu deliro… ou se é verdade

Tanto horror perante os céus?!…

Ó mar, por que não apagas

Co’a esponja de tuas vagas

Do teu manto este borrão?

Astros! noites! tempestades!

Rolai das imensidades!

Varrei os mares, tufão!…

Existe um povo que a bandeira empresta

P’ra cobrir tanta infâmia e cobardia!…

E deixa-a transformar-se nessa festa

Em manto impuro de bacante fria!…

Meu Deus! meu Deus! mas que bandeira é esta,

Que impudente na gávea tripudia?

Silêncio. Musa… chora, e chora tanto

Que o pavilhão se lave no teu pranto!…

Auriverde pendão de minha terra,

Que a brisa do Brasil beija e balança,

Estandarte que a luz do sol encerra

E as promessas divinas da esperança…

Tu que, da liberdade após a guerra,

Foste hasteado dos heróis na lança

Antes te houvessem roto na batalha,

Que servires a um povo de mortalha!…

Fatalidade atroz que a mente esmaga!

Extingue nesta hora o brigue imundo

O trilho que Colombo abriu nas vagas,

Como um íris no pélago profundo!

Mas é infâmia demais! … Da etérea plaga

Levantai-vos, heróis do Novo Mundo!

Andrada! arranca esse pendão dos ares!

Colombo! fecha a porta dos teus mares!

NAVIO NEGREIRO EN CASTELLANO

La cubierta era un sueño dantesco,

y enrojecía el brillo de las luces

al quedar bañada en sangre.

Tañir de hierros, estallar de azotes,

legiones de hombres negros cual la noche,

en tétrico danzar.

Mujeres negras. Niños enjutos

colgando de sus tetas, y sus negras bocas

regadas de sangre materna.

Otras más mozas, desnudas, espantadas,

vanamente se lamentan, arrastradas

a un torbellino fantasmal.

Y ríe la orquesta, irónica, estridente,

y gira extraordinaria la serpiente

en locas espirales.

Si quiebra el viejo, si también resbala,

se escuchan gritos, el látigo estalla,

y giran más y más.

Sujetos todos, una sola cadena:

la multitud hambrienta tambalea

y llora y danza y sigue.

Uno de rabia delira, otro enloquece,

otro, al que el martirio lo embrutece,

cantando gime y ríe.

Y mientras tanto, el capitán manda maniobra,

y al ver que el cielo se desdobla

tan puro sobre el mar,

dice, mientras surge entre la niebla:

¡que se tense el cuero, marineros!

¡Quiero verlos bailar más!

Y ríe la orquesta, irónica, estridente,

y gira extraordinaria la serpiente

en locas espirales.

¡Como en un sueño dantesco vuelan sombras!

¡Suenan gritos, ays, maldiciones,

y ríese Satanás!

¡Oh, Dios de los desgraciados!

Dímelo tú, señor Dios:

¿Es mentira o es verdad,

tanto horror ante este cielo?

¡Oh, mar, porqué no lavas,

con la esponja de tus olas,

de tu manto el deshonor.

¡Astros, noche, tempestades!

¡Surgid de la inmensidad!

¡Barre los mares, tifón!

¿Quiénes son los desgraciados

que sólo encuentran en vos,

el reír calmo de la turba

que excita la furia del verdugo?

¿Quiénes son? Y si la estrella se esconde,

y si la ola se escapa

como un cómplice fugaz

ante la noche confusa…

¡Dilo tú, severa musa,

musa libérrima, audaz!

Son los hijos del desierto,

donde se unen tierra y luz,

donde vive bajo el cielo,

la tribu de hombres desnudos.

Son los guerreros osados,

que con los tigres manchados

combaten en soledad.

Ayer simples, fuertes, bravos,

hoy son míseros esclavos,

sin luz, ni aire ni razón…

Son mujeres desgraciadas,

como Agar también lo fue,

que sedientas, arrasadas,

de lejos van a llegar,

trayendo con tibios pasos,

grilletes e hijos en los brazos

y en el alma lágrimas y hiel.

Como Agar, que al sufrir tanto,

ya ni leche de su llanto

tiene que darle a Ismael.

Sobre arenas infinitas

del país de las palmeras,

nacieron bellas criaturas,

vivieron mozas gentiles.

Pasó un día una caravana,

Y dijo en la noche oscura,

la virgen de la cabaña:

¡Adiós, oh choza del monte!

¡Adiós, palmeras de la fuente!

¡Adiós, amores, adiós!

¡Oh, Dios de los desgraciados!

Dímelo tú, señor Dios:

¿Es mentira o es verdad,

tanto horror ante este cielo?

¡Oh, mar, porqué no lavas,

con la esponja de tus olas,

de tu manto el deshonor.

¡Astros, noche, tempestades!

¡Surgid de la inmensidad!

¡Barre los mares, tifón!

Y existe un pueblo que presta su bandera,

para cubrir tanta infamia y cobardía,

y consigue transformarse en esta fiesta,

en manto oscuro de bacante fría.

¡Mi Dios, mi Dios! Pero ¿qué bandera es esta,

que en la gavia ondea con impudicia?

¡Silencio! ¡Musa, llora… y llora tanto,

que el pabellón se lave con tu llanto!

Auriverde bandera de mi tierra,

que la brisa de Brasil besa y agita.

Estandarte que la luz del sol repleta,

de promesas y divinas esperanzas…

Tú, en libertad nacida tras la guerra,

fuiste izada por héroes a las astas.

¡Mejor te hubiesen roto en la batalla,

que haber servido a un pueblo de mortaja!

¡Oh, fatalidad que enturbia el alma,

destruye ahora el bergantín inmundo,

y el surco que Colón abrió en las olas,

como un iris en el piélago profundo!

Demasiada infamia, etérea plaga:

¡Levantaros ya, heroes del Nuevo Mundo!

¡Andrada, arranca esa bandera al aire!

¡Colón, cierra la puerta de tus mares!