FRAGMENTO DEL POEMA DE CASTRO ALVES EN PORTUGUÉS Y CASTELLANO
Castro Alves
O Navio Negreiro
(Tragédia no mar)
‘Stamos em pleno mar…
Era um sonho dantesco… o tombadilho
Que das luzernas avermelha o brilho.
Em sangue a se banhar.
Tinir de ferros… estalar de açoite…
Legiões de homens negros como a noite,
Horrendos a dançar…
Negras mulheres, suspendendo às tetas
Magras crianças, cujas bocas pretas
Rega o sangue das mães:
Outras moças, mas nuas e espantadas,
No turbilhão de espectros arrastadas,
Em ânsia e mágoa vãs!
E ri-se a orquestra irônica, estridente…
E da ronda fantástica a serpente
Faz doudas espirais …
Se o velho arqueja, se no chão resvala,
Ouvem-se gritos… o chicote estala.
E voam mais e mais…
Presa nos elos de uma só cadeia,
A multidão faminta cambaleia,
E chora e dança ali!
Um de raiva delira, outro enlouquece,
Outro, que martírios embrutece,
Cantando, geme e ri!
No entanto o capitão manda a manobra,
E após fitando o céu que se desdobra,
Tão puro sobre o mar,
Diz do fumo entre os densos nevoeiros:
“Vibrai rijo o chicote, marinheiros!
Fazei-os mais dançar!…”
E ri-se a orquestra irônica, estridente. . .
E da ronda fantástica a serpente
Faz doudas espirais…
Qual um sonho dantesco as sombras voam!…
Gritos, ais, maldições, preces ressoam!
E ri-se Satanás!…
Senhor Deus dos desgraçados!
Dizei-me vós, Senhor Deus!
Se é loucura… se é verdade
Tanto horror perante os céus?!
Ó mar, por que não apagas
Co’a esponja de tuas vagas
De teu manto este borrão?…
Astros! noites! tempestades!
Rolai das imensidades!
Varrei os mares, tufão!
Quem são estes desgraçados
Que não encontram em vós
Mais que o rir calmo da turba
Que excita a fúria do algoz?
Quem são? Se a estrela se cala,
Se a vaga à pressa resvala
Como um cúmplice fugaz,
Perante a noite confusa…
Dize-o tu, severa Musa,
Musa libérrima, audaz!…
São os filhos do deserto,
Onde a terra esposa a luz.
Onde vive em campo aberto
A tribo dos homens nus…
São os guerreiros ousados
Que com os tigres mosqueados
Combatem na solidão.
Ontem simples, fortes, bravos.
Hoje míseros escravos,
Sem luz, sem ar, sem razão…
São mulheres desgraçadas,
Como Agar o foi também.
Que sedentas, alquebradas,
De longe… bem longe vêm…
Trazendo com tíbios passos,
Filhos e algemas nos braços,
N’alma — lágrimas e fel…
Como Agar sofrendo tanto,
Que nem o leite de pranto
Têm que dar para Ismael.
Lá nas areias infindas,
Das palmeiras no país,
Nasceram crianças lindas,
Viveram moças gentis…
Passa um dia a caravana,
Quando a virgem na cabana
Cisma da noite nos véus …
…Adeus, ó choça do monte,
…Adeus, palmeiras da fonte!…
…Adeus, amores… adeus!…
Senhor Deus dos desgraçados!
Dizei-me vós, Senhor Deus,
Se eu deliro… ou se é verdade
Tanto horror perante os céus?!…
Ó mar, por que não apagas
Co’a esponja de tuas vagas
Do teu manto este borrão?
Astros! noites! tempestades!
Rolai das imensidades!
Varrei os mares, tufão!…
Existe um povo que a bandeira empresta
P’ra cobrir tanta infâmia e cobardia!…
E deixa-a transformar-se nessa festa
Em manto impuro de bacante fria!…
Meu Deus! meu Deus! mas que bandeira é esta,
Que impudente na gávea tripudia?
Silêncio. Musa… chora, e chora tanto
Que o pavilhão se lave no teu pranto!…
Auriverde pendão de minha terra,
Que a brisa do Brasil beija e balança,
Estandarte que a luz do sol encerra
E as promessas divinas da esperança…
Tu que, da liberdade após a guerra,
Foste hasteado dos heróis na lança
Antes te houvessem roto na batalha,
Que servires a um povo de mortalha!…
Fatalidade atroz que a mente esmaga!
Extingue nesta hora o brigue imundo
O trilho que Colombo abriu nas vagas,
Como um íris no pélago profundo!
Mas é infâmia demais! … Da etérea plaga
Levantai-vos, heróis do Novo Mundo!
Andrada! arranca esse pendão dos ares!
Colombo! fecha a porta dos teus mares!
NAVIO NEGREIRO EN CASTELLANO
La cubierta era un sueño dantesco,
y enrojecía el brillo de las luces
al quedar bañada en sangre.
Tañir de hierros, estallar de azotes,
legiones de hombres negros cual la noche,
en tétrico danzar.
Mujeres negras. Niños enjutos
colgando de sus tetas, y sus negras bocas
regadas de sangre materna.
Otras más mozas, desnudas, espantadas,
vanamente se lamentan, arrastradas
a un torbellino fantasmal.
Y ríe la orquesta, irónica, estridente,
y gira extraordinaria la serpiente
en locas espirales.
Si quiebra el viejo, si también resbala,
se escuchan gritos, el látigo estalla,
y giran más y más.
Sujetos todos, una sola cadena:
la multitud hambrienta tambalea
y llora y danza y sigue.
Uno de rabia delira, otro enloquece,
otro, al que el martirio lo embrutece,
cantando gime y ríe.
Y mientras tanto, el capitán manda maniobra,
y al ver que el cielo se desdobla
tan puro sobre el mar,
dice, mientras surge entre la niebla:
¡que se tense el cuero, marineros!
¡Quiero verlos bailar más!
Y ríe la orquesta, irónica, estridente,
y gira extraordinaria la serpiente
en locas espirales.
¡Como en un sueño dantesco vuelan sombras!
¡Suenan gritos, ays, maldiciones,
y ríese Satanás!
¡Oh, Dios de los desgraciados!
Dímelo tú, señor Dios:
¿Es mentira o es verdad,
tanto horror ante este cielo?
¡Oh, mar, porqué no lavas,
con la esponja de tus olas,
de tu manto el deshonor.
¡Astros, noche, tempestades!
¡Surgid de la inmensidad!
¡Barre los mares, tifón!
¿Quiénes son los desgraciados
que sólo encuentran en vos,
el reír calmo de la turba
que excita la furia del verdugo?
¿Quiénes son? Y si la estrella se esconde,
y si la ola se escapa
como un cómplice fugaz
ante la noche confusa…
¡Dilo tú, severa musa,
musa libérrima, audaz!
Son los hijos del desierto,
donde se unen tierra y luz,
donde vive bajo el cielo,
la tribu de hombres desnudos.
Son los guerreros osados,
que con los tigres manchados
combaten en soledad.
Ayer simples, fuertes, bravos,
hoy son míseros esclavos,
sin luz, ni aire ni razón…
Son mujeres desgraciadas,
como Agar también lo fue,
que sedientas, arrasadas,
de lejos van a llegar,
trayendo con tibios pasos,
grilletes e hijos en los brazos
y en el alma lágrimas y hiel.
Como Agar, que al sufrir tanto,
ya ni leche de su llanto
tiene que darle a Ismael.
Sobre arenas infinitas
del país de las palmeras,
nacieron bellas criaturas,
vivieron mozas gentiles.
Pasó un día una caravana,
Y dijo en la noche oscura,
la virgen de la cabaña:
¡Adiós, oh choza del monte!
¡Adiós, palmeras de la fuente!
¡Adiós, amores, adiós!
¡Oh, Dios de los desgraciados!
Dímelo tú, señor Dios:
¿Es mentira o es verdad,
tanto horror ante este cielo?
¡Oh, mar, porqué no lavas,
con la esponja de tus olas,
de tu manto el deshonor.
¡Astros, noche, tempestades!
¡Surgid de la inmensidad!
¡Barre los mares, tifón!
Y existe un pueblo que presta su bandera,
para cubrir tanta infamia y cobardía,
y consigue transformarse en esta fiesta,
en manto oscuro de bacante fría.
¡Mi Dios, mi Dios! Pero ¿qué bandera es esta,
que en la gavia ondea con impudicia?
¡Silencio! ¡Musa, llora… y llora tanto,
que el pabellón se lave con tu llanto!
Auriverde bandera de mi tierra,
que la brisa de Brasil besa y agita.
Estandarte que la luz del sol repleta,
de promesas y divinas esperanzas…
Tú, en libertad nacida tras la guerra,
fuiste izada por héroes a las astas.
¡Mejor te hubiesen roto en la batalla,
que haber servido a un pueblo de mortaja!
¡Oh, fatalidad que enturbia el alma,
destruye ahora el bergantín inmundo,
y el surco que Colón abrió en las olas,
como un iris en el piélago profundo!
Demasiada infamia, etérea plaga:
¡Levantaros ya, heroes del Nuevo Mundo!
¡Andrada, arranca esa bandera al aire!
¡Colón, cierra la puerta de tus mares!